No Seas Engañado
Una de las advertencias más repetidas en las Escrituras
Deborah De Jesus
6/17/20263 min read


"Mirad que nadie os engañe." — Mateo 24:4
Una de las advertencias más repetidas en las Escrituras es esta:
No seas engañado.
Jesús la repitió.
Al hablar de los últimos tiempos, una de las primeras advertencias que salió de Sus labios fue: "Mirad que nadie os engañe" (Mateo 24:4). No comenzó hablando de guerras, hambres o terremotos. Comenzó hablando del engaño.
Los apóstoles la repitieron.
Pablo escribió: "Nadie os engañe" (Efesios 5:6). Juan escribió: "Hijitos, nadie os engañe" (1 Juan 3:7). Pedro advirtió sobre falsos maestros que introducirían herejías destructoras y engañarían a muchos. Una y otra vez encontramos la misma alerta.
Los profetas la repitieron.
Jeremías declaró: "No os engañen vuestros profetas" (Jeremías 29:8). Ezequiel denunció a quienes profetizaban mentira. Miqueas habló de líderes espirituales que hacían errar al pueblo. A través de generaciones, Dios levantó voces para advertir acerca del peligro del engaño.
¿Por qué?
Porque el engaño es una de las armas favoritas del enemigo.
Satanás no comenzó como asesino. Desde el principio se presentó como engañador.
Antes de destruir, engañó.
Antes de dividir, engañó.
Antes de matar, engañó.
El engaño fue la puerta por la cual entró el pecado al mundo.
Por eso la Palabra nos alerta:
No seas engañado por falsos profetas, falsos maestros, falsos cristos, falsos apóstoles, falsos hermanos, falsos testigos, falsos acusadores, falsa piedad, falso amor y falsa sabiduría.
Porque el engaño rara vez se presenta como una mentira evidente.
Si el engaño siempre se viera como engaño, nadie caería en él.
El engaño siempre intenta disfrazarse de algo que parece verdadero, pero no lo es.
Por eso debemos aprender a examinar.
Examina lo que escuchas.
Examina lo que crees.
Examina lo que sigues.
Examina lo que apruebas.
Examina lo que compartes.
Examina las voces que influyen sobre tu vida.
Examina las motivaciones detrás de las palabras que recibes.
Examina las intenciones detrás de las acciones que observas.
Examina tu discernimiento.
Pero sobre todo...
Examina tu corazón.
Porque no todo lo que suena espiritual viene de Dios.
No todo lo que parece amor es amor.
No todo lo que parece verdad es verdad.
No todo lo que parece luz proviene de la Luz.
Y no todo engaño viene de afuera.
Algunas veces el engaño se esconde dentro de nosotros.
Cuando aparentamos una preocupación que realmente no sentimos.
Cuando expresamos un amor que no estamos dispuestos a demostrar.
Cuando mostramos una espiritualidad que no corresponde a nuestra vida privada.
Cuando nuestras palabras proyectan una imagen que nuestro corazón no respalda.
La Biblia dice:
"El amor sea sin fingimiento." (Romanos 12:9)
Esa exhortación existe porque el amor puede fingirse.
Se puede aparentar interés.
Se puede aparentar compasión.
Se puede aparentar fidelidad.
Se puede aparentar espiritualidad.
Pero Dios no mira solamente lo que hacemos delante de las personas. Dios examina las intenciones del corazón.
Vivimos en una generación donde muchas cosas son presentadas, promocionadas y exhibidas. Sin embargo, Dios sigue buscando algo que no puede fabricarse ni fingirse: autenticidad.
Él busca un amor genuino.
Una fe genuina.
Una obediencia genuina.
Un corazón genuino.
Por eso esta advertencia sigue siendo tan necesaria hoy como lo fue cuando fue escrita:
No seas engañado.
No seas engañado por las apariencias.
No seas engañado por las palabras vacías.
No seas engañado por las emociones pasajeras.
No seas engañado por voces que parecen correctas pero contradicen la verdad de Dios.
Y tampoco te engañes a ti mismo.
Porque el engaño más peligroso no siempre es el que viene de afuera.
Muchas veces es el que nos convence de que estamos bien cuando Dios todavía quiere transformar áreas de nuestro corazón.
Que el Señor nos conceda discernimiento para reconocer el engaño, valentía para rechazarlo y humildad para permitir que Su verdad examine nuestras vidas.
Porque en un mundo lleno de falsedad, la verdad sigue siendo el camino de Dios.
Y el amor sin fingimiento sigue siendo una de las evidencias más poderosas de Su presencia en nosotros.
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