Venciendo el temor
El temor nos hace mirar la tormenta
Deborah De Jesus
6/9/20263 min read


Venciendo el Temor
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”
2 Timoteo 1:7 (RVR1960)
El temor es una de las armas más utilizadas por el enemigo para detener el propósito de Dios en la vida de una persona. No siempre se presenta de manera evidente. A veces llega disfrazado de prudencia, de inseguridad o de la necesidad de esperar “el momento perfecto”. Sin embargo, cuando el temor comienza a dictar nuestras decisiones, termina robándonos oportunidades, bendiciones y experiencias que Dios tenía preparadas para nosotros.
Es importante entender que el temor y la precaución no son lo mismo. La prudencia es una virtud que Dios nos da para actuar con sabiduría. El temor, en cambio, nos paraliza. La prudencia evalúa los riesgos; el temor magnifica los obstáculos. La prudencia nos ayuda a tomar decisiones correctas; el temor nos impide tomar cualquier decisión.
Cuando Pablo escribe a Timoteo, lo hace a un joven líder que enfrentaba desafíos, oposición y momentos de incertidumbre. Por eso le recuerda una verdad poderosa: Dios no le había dado un espíritu de cobardía. Lo mismo aplica para nosotros hoy. El temor que nos aleja del propósito de Dios no proviene de Él.
El temor nos hace mirar la tormenta
Una de las características del temor es que cambia nuestro enfoque. En lugar de mirar a Dios, comenzamos a mirar los problemas. En lugar de recordar las promesas, comenzamos a contar las dificultades.
Los discípulos experimentaron esto cuando estaban en medio de la tormenta. Aunque Jesús estaba con ellos, permitieron que el miedo llenara sus corazones. Las olas parecían más grandes que la presencia de Cristo en la barca.
Muchas veces hacemos lo mismo. Miramos la crisis económica, el diagnóstico médico, los conflictos familiares o los desafíos ministeriales y olvidamos que Dios sigue sentado en el trono. El temor siempre exagera el tamaño del problema y minimiza el poder de Dios.
Dios nos ha dado poder
Pablo dice que Dios nos ha dado espíritu de poder.
Ese poder no es fuerza humana ni confianza en nuestras capacidades. Es la capacidad sobrenatural que proviene del Espíritu Santo para hacer lo que no podríamos hacer por nosotros mismos.
Moisés sintió temor ante la tarea de liberar a Israel.
Jeremías sintió temor por su juventud.
Gedeón sintió temor por su condición.
Sin embargo, Dios no les pidió que confiaran en sí mismos; les pidió que confiaran en Su poder.
La victoria sobre el temor no se encuentra en repetirnos que somos fuertes. Se encuentra en recordar que Dios es poderoso.
Dios nos ha dado amor
El amor de Dios también derrota el temor.
La Biblia declara que “el perfecto amor echa fuera el temor” (1 Juan 4:18). Cuando comprendemos cuánto nos ama Dios, dejamos de vivir dominados por la ansiedad acerca del futuro.
El temor nos pregunta: “¿Y si todo sale mal?”
El amor de Dios responde: “Aun si atraviesas dificultades, Yo estaré contigo.”
El temor nos dice que estamos solos. El amor de Dios nos recuerda que nunca nos abandona.
Dios nos ha dado dominio propio
El dominio propio es la capacidad de gobernar nuestros pensamientos y emociones en lugar de ser gobernados por ellos.
Todos experimentamos momentos de miedo. La diferencia está en quién toma el control. El temor puede tocar la puerta de nuestro corazón, pero no tiene que convertirse en el dueño de la casa.
Una persona con dominio propio reconoce sus emociones, pero toma sus decisiones basándose en la verdad de Dios y no en lo que siente en el momento.
La fe no significa ausencia de temor. Significa obedecer a Dios a pesar del temor.
¿Qué está frenando tu vida?
Muchos sueños han quedado enterrados por causa del miedo.
Personas que nunca comenzaron el ministerio que Dios les mostró.
Creyentes que nunca compartieron su fe por temor al rechazo.
Líderes que nunca dieron el paso porque tenían miedo de fracasar.
Familias que permanecieron estancadas porque el temor al cambio era más fuerte que la confianza en Dios.
El temor siempre promete protección, pero termina produciendo estancamiento.
Una decisión que cambia todo
La pregunta no es si el temor aparecerá. La pregunta es qué harás cuando aparezca.
David sintió temor, pero siguió adelante.
Ester sintió temor, pero se presentó delante del rey.
Pedro sintió temor, pero salió de la barca.
Jesús mismo, en Getsemaní, enfrentó la agonía de la cruz, pero decidió obedecer al Padre.
La valentía no consiste en no sentir miedo. Consiste en avanzar confiando en Dios aun cuando el miedo está presente.
Hoy es un buen día para recordar que Dios no te ha dado espíritu de cobardía. Él te ha dado poder para enfrentar lo que viene, amor para permanecer firme y dominio propio para no ser gobernado por el temor.
No permitas que el miedo escriba tu historia.
Confía en Dios. Da el paso. Obedece. Avanza.
Porque al otro lado de tu obediencia hay una temporada que el temor nunca te permitirá descubrir.